GUADALAJARA

                                                                 LA LEYENDA DE LA MONJA AHORCADA

Mi llegada al Museo López Portillo ocurrió en 1990. Un sábado por la mañana me encontré en los pasillos con una mujer alemana, quien me preguntó con un español difícil en dónde se encontraba la escalera de la monja ahorcada. No supe qué responder. "Preocúpate por conocer las leyendas de Guadalajara", me dije, así que puse manos a la obra.

Las leyendas son narraciones de hechos reales que la gente va transformando con su imaginación. El relato se transmite de una persona a otra y se convierte en una historia distinta debido a que cada uno de los hablantes añade circunstancias misteriosas o invenciones poéticas para hacer más interesante el suceso. En Guadalajara, las leyendas se viven en muchas de las antiguas casas del centro histórico. Las más conocidas son La casa de los perros, El rincón del diablo, La casa encantada y La leyenda de la monja ahorcada.
La casa de la monja ahorcada

                                                       catedral

A principios de siglo, la casa de la esquina de Liceo y San Felipe se quedó deshabitada. Cuentan que durante los años veinte, el lugar se llamó Colegio Juana de Arco, y que ahí vivía una monja desdichada. Tantas eran sus penas secretas, que una noche decidió buscar un lugar donde ahorcarse. Eligió la escalera de hierro que actualmente se encuentra en el ala norte de la casa, donde hizo pender su cuerpo sujetándolo desde el escalón número trece.
Desde entonces la monja ahorcada se aparece en los pasillos de la antigua casa, pidiendo ayuda.

                                                       jadraque

La aparición más reciente ocurrió el 13 de mayo de 1999, una noche en que Araceli Camarena, la policía de guardia, escuchó voces en la escalera del fondo. Acudió al lugar mientras iba encendiendo todas las luces, hasta encontrarse con la mujer del hábito. Se asustó tanto, que al día siguiente pidió su cambio, el que se le concedió de inmediato. El personal del Museo López Portillo pocas veces quiere caminar de madrugada por el área de oficinas, ya que el teléfono suena sin que al contestar nadie responda y las luces se encienden sin motivo. En lo particular nada extraño he visto, apenas que los focos se apagan cuando levanto el auricular, pero quiero pensar que las instalaciones son tan viejas que este hecho es normal.

 

                                                                                                     

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