SEVILLA
| PUERTAS DE LA MURALLA DE SEVILLA
Breve
introducción
El origen de Sevilla siempre ha sido objeto de muchas leyendas, dándose como fechas más probables de su fundación los siglos IX-VIII a.C. Los habitantes de las tierras altas del Aljarafe bajaron al valle en donde hoy se sitúa la ciudad de Sevilla, ocupando terrenos emergentes resguardados por las mareas. El sentido de esta bajada, a una zona de inundaciones y peor resguardados de posibles invasiones, se supone que era púramente comercial, pues la comunicación fluvial les proporcionaba nuevas y ambiciosas expectativas comerciales. La primera cultura dominadora, fueron los fenicios, quienes hicieron del asentamiento una delegación comercial integrándola en su red colonial. Con lo que se benefició de una industria, urbanismo, planificación general, algo más avanzada que hasta ese momento. A partir del año 237 a. C., la siguiente ocupación que tuvo lugar fue la de los cartagineses. Si bien esta nueva colonización apenas supuso un florecimiento de la "ciudad", pues fue un período de intensa actividad bélica, utilizando este asentamiento como un mero cuartel. En la Segunda Guerra Púnica, más concretamente en la "batalla de Ilipa" (aprox. 206 a. C.) celebrada no muy lejos de la ciudad, tiene como resultado la romanización. El primer asentamiento romano, Itálica, previsiblemente se instaló poco después de la contienda antes mencionada, resguardándose de las habituales inundaciones por lluvias o crecidas del río, que tenían lugar en la ciudad . Por lo que se supone que en un principio fue una fusión de los vencedores romanos con los habitantes ya instalados, sirviendo de libertadores de la ciudad a la represión de los cartagineses.
Ya podemos hablar de la creación de Híspalis, una ciudad en la que poco a poco y con las nuevas construcciones romanas (puerto, murallas, astilleros etc...) fue experimentando una considerable transformación . Aún siendo verdad que la ciudad se activó con la llegada de los romanos durante toda la Edad Antigua, nada sería más importante para su florecimiento , como la llegada de la cultura islámica. Pasando por diversas oleadas, hasta su total conquista en el 712 d. C., siendo en los siglos XII y XIII en los que sufriría profundas transformaciones que aún hoy perduran. Tenemos una nueva Híspalis rebautizada como Isbiliya, ciudad que vivió una etapa de tranquilidad y de prosperidad. Sus murallas, utilizando la antigua cerca romana, sufrió modificaciones, ampliándose hacia los cuatro puntos cardinales, de la que hicieron a Sevilla (Isbiliya) como el mayor recinto urbano amurallado de la Edad Media. En el 1248, Fernando III tras muchos años de asedio a la ciudad, logra su conquista. No fue hasta el 1492 que tras el Descubrimiento de América por el genovés Cristóbal Colón, con el patrocinio de los Reyes Católicos (Isabel de Castilla y Fernando de Aragón), cuando Sevilla se convierte en un centro neurálgico. Con nuevos edificios estatales, como parte del entramado comercial y mercantil que creció a la vez que lo hacía el tráfico americano. Las murallas que rodeaban a Sevilla en unos 7 kilómetros, para su defensa así como para la protección de las constantes crecidas del río, fueron construidas por los romanos en tiempos de Julio César -al menos eso se cree-, sufriendo multitud de reformas y ampliación en la época islámica más concretamente en las etapas amorávide-almohade, como así se refleja en un especial y característico estilo.A lo largo de la cerca de muros altos y fuertes, se alzaban unas 160 torres y una docena de puertas más tres-cuatro postigos. Por lo que a cada 20-30 metros se alzaba una torre, por lo general de planta cuadrada. La más importante de todas las torres era la Torre del Oro. Le seguían en orden de importancia, las dos torres de la Puerta de Jerez con puente levadizo; la torre de la Puerta de Córdoba, que sirvió de prisión a San Hermenegildo; la Torreblanca junto a la Macarena; la torre de Almenilla y por supuesto las torres que alzaban flanqueando a cada una de las puertas de la ciudad. La importancia de una ciudad se determinaba en el número de las puertas y postigos en su muralla. Las puertas se abrían en lugares o calles importantes de la ciudad y, desde ellas, arrancaban caminos que iban a las localidades con las que se mantenían unas relaciones claves. Debido a su situación, o a la función de las mismas recibieron los nombres por las que se les conoce hoy en día aunque hayan desaparecido. Servían para entrar o salir de la ciudad, abriéndose en horas fijas; se usaban como defensa debido a las torres que la custodiaban; facilitaban el cobro de impuestos a las mercancías que por ellas entraban y el control de personas en casos de epidemias o peligros.
Los postigos eran pequeñas puertas un tanto ocultas, que permitían entrar y salir sin ser percibido, en situaciones de emergencia, que en el caso de Sevilla, abandonaron su finalidad para suplantarla por otra de tipo económico. Al igual que ocurriera con las puertas, hoy en día, se los conoce por su función más que por su finalidad antigua (postigo del aceite, postigo del oro, etc..)
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