| EL ORO Y LA ARENA
En el macualtépetl,
entre sus laberintos, pasillos y jardines, hay una cueva que puede enriquecer a los
que logran entrar y salir de ella. Ésta solo se deja ver un día al año.

Cierta
vez, una señora muy pobre caminaba por el cerro; era la mañana el 24 de junio. La mujer
iba preocupada pensado como alimentar a su pequeña. Se sentía muy fatigada se detuvo a
descansar bajo un árbol. De pronto, enfrente de ella vio una cueva. Se levantó
rápidamente, entró y halló muchísimo dinero. Eufórica y astuta, decidió esperar
hasta el anochecer, para que nadie pudiera robarle. Cuando quiso llevárselo todo, le
resultó imposible, porque estaba con la niña. Decidió hacer dos viajes, dejando la
criatura en la cueva. Al regresar, recorrió el sitio de arriba abajo, sin encontrar a la
chamaquita.
Transcurrió el tiempo, y la
mujer se encaminaba diariamente al cerro sin poderla encontrar. Llegó el día de San Juan
y la señora como siempre fue a buscar a su hija. Esa vez volvió a ver la gruta y entro
ilusionada para rescatar a su pequeña, quien estaba jugando. La madre la cargo y de
inmediato se retiró con ella, tomando más dinero, cuando salieron y les pegó el sol, la
chiquilla se desmoronó en arena.

EL
DESDÉN
En la calle
Azcárate, vivía hace muchos años una joven muy famosa por su belleza. Anita, la
muchacha, tenía infinidad de pretendientes, entre ellos un hombre maduro, muy rico y
elegante. Como ella no le correspondía, el enamorado, herido en su orgullo, la amenazó
diciéndole que si no se casaba con él, no lo haría con nadie, y juró que además se
vengaría. Al cabo de un mes, Anita, quien sólo contaba con diecisiete años, empezó a
perder el apetito y el ánimo de vivir hasta que cayó enferma, sin que nadie supiera por
qué. Aunque la visitaron varios médicos, parecía no tener salvación. Sus asutados
padres fueron a pedirle a doña Clara, una curandera, que fuera a ver si podía hacer algo
por su hija, pues ya llevaba más de un año enferma.
Cuando doña Clara
fue a la casa de Anita, ésta se encontraba tan pálida que se veía transparente. Al
tocarle el brazo, doña Clara sintió un gran dolor, como el que produce una descarga
eléctrica, que la dejó totalmente asombrada. Trascurridos dos días, la joven comenzó a
recuperarse y probar alimentos, dando a su rostro otra vez señales de vida. Mientras
tanto se supo que el pretendiente se enfermó de gravedad y falleció.

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