| Un treinta de
Junio de 1596, la Armada del Conde de Essex, favorito de Isabel de Inglaterra, atentó
contra Cádiz.
Aquella noche de Junio la ciudad de Cádiz durmió un sueño intranquilo y lleno de
rumores mientras la escuadra anglo-holandesa se encontraba ya a menos de cincuenta millas
de la costa.
Formaban veintisiete galeones de dos puentes, con más de veintisiete cañones en cada
banda. Iban también una cincuentena de naves ligeras... cerraba la expedición casi un
centenar de barcos menores, más o menos artillados. En la escuadra iban doce mil hombres
perfectamente armados, con munición de boca y guerra para seis semanas. Y esta vez los
jefes no habían permitido que ninguna mujer, bajo cualquier excusa o disfraz, subiese a
bordo.
Cádiz era la meta de aquel ansioso enjambre.

Guatarral,
almirante y pirata
Ante aquella impresionante armada,se contaba en Cádiz para su defensa, con apenas 500
hombres a pie y 300 a caballo, que se encontraban en las inmediaciones del castillo
del Puntal. El enemigo no causó daño a las fortificaciones ni a las murallas y es que
¿cómo iba a hacerlo? si en vez de defender la ciudad éstas ¡le sirvieron de escalera a
los ingleses!. La parte exterior del Frente de Tierra, estaba formado con una muralla de
argamasa de treinta pies de altura y seiscientos de largo, mucho rollo y al final para
nada ya que contaba con dos terraplenes peinados, de manera que los asaltantes pudieron
subir por ellos y llegar sin dificultad alguna a la muralla.
En cambio los defensores de la ciudad, no podían llegar hasta esos terraplenes porque
para ello tenían que superar esos treinta pies de altura y los gaditanos a diferencia de
los ingleses, no contaban con la inconmensurable ayuda de la dichosa escalerita de
argamasa.
Una vez repartidos por la ciudad se dedicaron a tareas tan gratificantes como el incendio,
la destrucción y el sacrilegio: tirotearon el cuadro de la Puerta del Pópulo,
acuchillaron la pintura de la Santísima Trinidad, de la iglesia de Santiago, ataron una
cuerda al cuello de la imagen de la Virgen del Rosario arrastrándola desde la ermita de
los Morenos, hasta el lugar próximo al denominado Boquete. Se destruyeron 685 casas de
las 1200 que tenía Cádiz, se redució a cenizas más de una tercera parte de la
ciudad. Tras quince días de ser maltratada, su estado de desolación
fue tal que Felipe II, pensó desmantelar la ciudad pasando la población al
Puerto de Santa María. Aunque los gaditanos no seamos rencorosos no está de más saber
que el Conde de Essex fue decapitado en 1601 víctima de los celos de la hija de Enrique
VIII de Inglaterra.

La
leyenda
Terminamos estos apuntes sobre este
desagradable episodio de nuestra Historia con dos leyendas sobre el mismo. -- Cuentan que
una gaditana huía desde el muelle
a la Plaza de San Juan de Dios, asediada por marineros y soldados. El Conde de Essex, se
encontraba en la Corradera, llegó hasta a él la joven asustada y pidiendo socorro,
él ordenó detener cuantas barbaridades se estaban cometiendo y castigar a cuantos
faltasen al respeto a mujeres, ancianos y niños, privando del beneficio del botín a los
que molestaron a la joven a la que acompañó personalmente a su casa, ya que Essex seria
un pirata pero no dejaba de ser un caballero. - Otra leyenda nos cuenta que la Virgen de
la Candelaria, apareció dos años más tarde en el fondo de un pozo, cerca del mismo
convento y que fue hallada con motivo de caer al mismo un niño el cual fue subido en el
cubo del pozo sin sufrir ningún daño, gracias a una señora que le sonreía, según
contó el chiquillo, y que no fue otra que la imagen de la Virgen de la Candelaria.
VOLVER A ANDALUCIA
|